LAS BEBIDAS ENERGÉTICAS: DESAFÍOS EN LA ADOLESCENCIA

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En esta entrevista hablamos con Gracia Añón, bióloga y dietista, y Carmen Hardy, nutricionista, sobre un tema cada vez más presente en la vida de muchos adolescentes: el consumo de bebidas energéticas.

A simple vista parecen un refresco más. Se venden en cualquier supermercado, tienen sabores atractivos, envases llamativos y un mensaje muy potente: energía, rendimiento, concentración, diversión. Pero detrás de esa imagen hay una realidad que conviene mirar con calma, sobre todo cuando quienes las consumen son adolescentes.

No son un refresco más

Una de las ideas principales de la entrevista es que estas bebidas no deberían verse como algo inocente. Aunque se llamen “energéticas”, en realidad funcionan más bien como bebidas estimulantes, porque su efecto principal viene de la combinación de cafeína, azúcar y otros ingredientes.

Una sola lata puede contener una cantidad elevada de azúcar y una dosis de cafeína considerable para un cuerpo adolescente. Y eso importa, porque la adolescencia es una etapa en la que el sueño, el sistema nervioso, el corazón y la regulación emocional todavía están en pleno desarrollo.

Azúcar, cafeína y falsa sensación de energía

Durante la conversación, Gracia y Carmen explican que el problema no es solo lo que lleva la lata, sino cómo, cuándo y por qué se consume.

Muchos adolescentes las toman para aguantar más estudiando, para rendir en el deporte, para jugar durante horas a videojuegos o simplemente porque forman parte del grupo y del ocio. Sin embargo, esa supuesta energía muchas veces se traduce en un subidón rápido seguido de cansancio, irritabilidad, peor descanso y más necesidad de volver a consumir.

La cafeína puede afectar al sueño, aumentar la ansiedad, favorecer taquicardias y generar una falsa sensación de control. Y cuando se suma el azúcar, el impacto es todavía mayor.

¿Y la taurina?

Otro de los puntos interesantes de la entrevista es aclarar qué es la taurina. Muchas veces se habla de ella como si fuera el gran misterio de estas bebidas, pero Gracia y Carmen explican que la taurina no es un estimulante como la cafeína. Es una sustancia que ya existe en nuestro cuerpo y que también encontramos en algunos alimentos.

El mensaje importante es este: la taurina no es el principal problema. Lo preocupante es el cóctel completo en el que aparece: cafeína, azúcar, consumo repetido, falta de sueño y, en algunos casos, alcohol.

Como resumen claro para familias y adolescentes:

La taurina no es el problema principal. El problema es que viene acompañada de mucha cafeína, mucho azúcar y, a veces, alcohol.

El riesgo aumenta cuando se mezclan con alcohol

Uno de los temas más delicados de la entrevista es la mezcla de bebidas energéticas con alcohol. Esta combinación es especialmente preocupante en adolescentes porque la cafeína puede hacer que la persona se sienta más despierta y menos borracha de lo que realmente está.

El alcohol deprime el sistema nervioso. La bebida energética lo estimula. El resultado es una especie de “freno y acelerador” al mismo tiempo.

Esto puede llevar a beber más, asumir más riesgos, tener peor percepción del peligro y tomar decisiones que en otro contexto no se tomarían.

Una frase que resume muy bien este punto es:

La energética no te emborracha menos: puede hacerte creer que controlas más.

Sueño, ansiedad y rendimiento escolar

Otro aspecto fundamental es el sueño. En la adolescencia, dormir bien no es un lujo: es una necesidad biológica. El descanso influye en el aprendizaje, el estado de ánimo, la concentración, la regulación emocional y la salud mental.

Cuando un adolescente consume bebidas energéticas por la tarde o por la noche, puede dormir peor, aunque no siempre sea consciente de ello. Y dormir peor puede traducirse en más cansancio, más irritabilidad, peor rendimiento académico y más ansiedad.

Por eso, en la entrevista se insiste en que no se trata solo de demonizar una lata, sino de entender el contexto completo: horarios, hábitos, presión social, ocio nocturno, estudio, deporte y uso de pantallas.

Una bebida muy normalizada

Quizá lo más preocupante es lo normalizado que está su consumo. Para muchos adolescentes, comprar una bebida energética no tiene ninguna carga de riesgo. Es barata, accesible, está en los supermercados y forma parte de una estética juvenil muy potente.

Ahí está uno de los grandes retos: explicar sin alarmismo, pero con claridad, que no es lo mismo tomar un refresco ocasional que consumir productos estimulantes de forma habitual en una etapa especialmente vulnerable.

Qué pueden hacer las familias

La entrevista no busca asustar, sino informar. Y desde ahí, Gracia Añón y Carmen Hardy ayudan a poner palabras a algo que muchas familias ya intuyen: estas bebidas no deberían formar parte de la rutina adolescente.

Algunas claves importantes son:

Hablar del tema sin dramatizar.
Explicar qué llevan realmente.
No normalizarlas como premio, ayuda para estudiar o recurso para entrenar.
Vigilar especialmente su consumo por la tarde, por la noche o mezcladas con alcohol.
Ofrecer alternativas y cuidar el sueño como prioridad.

Conclusión

Las bebidas energéticas no son simplemente una moda más. Son productos con un fuerte componente estimulante que se han colado en la vida adolescente con una imagen de diversión, rendimiento y normalidad.

Entender lo que hay detrás de una lata puede cambiar muchas decisiones. La ingesta de estas bebidas no definen a un adolescente, pero puede abrir una conversación muy necesaria sobre sueño, ocio, presión de grupo, alcohol y límites. Más sobre nuestras invitadas:

Gracia Añón: https://www.instagram.com/gracialovefood/

Carmen Hardy: https://www.instagram.com/simply.hardy/

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