LA RUEDA DE LAS DROGAS, UNA HERRAMIENTA PARA PREVENIR

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Hoy hablamos de drogas.

Ante todo, conviene recordar algo importante: hablar de drogas con adolescentes y jóvenes no debe hacerse desde el miedo, el sensacionalismo ni la exageración. La mayoría de los consumos en población joven, cuando aparecen, suelen ser esporádicos y centrarse principalmente en sustancias más normalizadas como el alcohol, el tabaco o el cannabis.

Ahora bien, también hay que decirlo con claridad: ningún consumo de drogas es completamente seguro. El riesgo cero no existe. Y ese riesgo aumenta cuando hablamos de mezclas, sustancias de composición desconocida, consumo en contextos de fiesta, calor, alcohol, psicofármacos, cannabis, estimulantes u otras sustancias que pueden tener efectos imprevisibles.

En este vídeo entrevistamos al Dr. Martín Ángel Bonilla Crespo, médico del Dispositivo de Cuidados Críticos y Urgencias (DCCU) de Palma del Río, para hablar de prevención, salud, urgencias y reducción de riesgos desde una perspectiva clara, cercana y realista.

El objetivo no es alarmar, sino informar y ofrecer herramientas para que madres, padres, adolescentes, jóvenes, educadores y profesionales puedan entender mejor determinados riesgos y mantener conversaciones más útiles.

La Rueda de las Drogas: una herramienta para entender mejor

En el vídeo presentamos La Rueda de las Drogas (The Drugs Wheel), un modelo de clasificación visual diseñado para comprender de forma más sencilla el complejo mundo de las sustancias psicoactivas y reducir los riesgos asociados a su consumo.

Esta herramienta fue desarrollada en el Reino Unido por Mark Adley, Guy Jones y Michael Linnell, y puede consultarse en su web oficial:

The Drugs Wheel:
https://www.thedrugswheel.com/

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La Rueda de las Drogas organiza las sustancias psicoactivas por familias o categorías según sus efectos principales. Entre ellas aparecen grupos como depresoras, estimulantes, cannabinoides, opioides, psicodélicas, disociativas, empatógenas y otras sustancias.

Esta clasificación ayuda a entender que no todas las drogas actúan igual en el organismo. Algunas tienden a activar, otras a relajar o sedar, otras alteran la percepción, otras pueden producir desconexión o disociación, y otras afectan de forma intensa al sistema nervioso central.

Por eso, cuando se mezclan sustancias de diferentes familias, los efectos pueden ser más difíciles de prever y los riesgos pueden aumentar.

¿Por qué son peligrosas algunas mezclas?

Una sustancia por sí sola ya puede tener riesgos. Pero cuando se combinan varias, el cuerpo puede recibir señales contradictorias o una sobrecarga difícil de gestionar.

Por ejemplo, una sustancia estimulante puede hacer que una persona se sienta más despierta, mientras otra sustancia depresora puede estar ralentizando su respiración, su coordinación o su capacidad de reacción. Esa combinación puede dar una falsa sensación de control.

En otros casos, una mezcla puede aumentar la ansiedad, la taquicardia, la deshidratación, el golpe de calor, la confusión, la pérdida de conciencia o los problemas respiratorios. También puede ocurrir que una persona no sepa exactamente qué está consumiendo, porque algunas sustancias vendidas con nombres populares tienen composiciones variables.

Ahí está uno de los grandes problemas: muchas veces el nombre que se oye en la calle, en una fiesta o en redes sociales no garantiza una composición concreta.

Nombres que pueden sonar: tusi, karkubi, spice, rebujito y otras mezclas

Durante la entrevista hablamos de diferentes nombres y combinaciones que pueden aparecer en conversaciones entre adolescentes y jóvenes, o en contextos de ocio. Algunos suenan conocidos, otros pueden parecer “menos graves” o incluso estar rodeados de una falsa sensación de moda o normalidad.

Pero detrás de esos nombres puede haber riesgos importantes.

Tusi, tusibí o “cocaína rosa”

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El llamado tusi, tusibí, polvo rosa o “cocaína rosa” muchas veces no es cocaína. Puede tener una composición variable y contener diferentes sustancias, como MDMA, ketamina, cafeína u otras mezclas.

El riesgo está precisamente en esa incertidumbre. La persona puede creer que está consumiendo una cosa y, en realidad, estar tomando una mezcla distinta. Esto puede aumentar el riesgo de desorientación, ansiedad, taquicardia, pérdida de control e intoxicación.

Karkubi o karkoubi

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El karkubi o karkoubi suele utilizarse como nombre callejero para mezclas variables de psicofármacos sedantes con hachís o cannabis, y a veces también alcohol u otras sustancias.

No hay una composición fija. Por eso puede resultar especialmente imprevisible. Puede asociarse a confusión, agresividad, alucinaciones, pérdida de conciencia, conductas extrañas o intoxicaciones.

Alcohol y opioides

alcohol y opioides

La combinación de alcohol con benzodiacepinas —como diazepam, alprazolam, clonazepam o lorazepam— es una de las mezclas más peligrosas.

Ambas sustancias pueden deprimir el sistema nervioso central. Cuando se combinan, aumenta el riesgo de somnolencia intensa, lagunas mentales, caídas, pérdida de conciencia y problemas respiratorios.

Este tipo de mezcla no debe tomarse a la ligera, porque puede tener consecuencias graves.

Cannabis o hachís con ansiolíticos o pregabalina

A veces puede parecer una mezcla “menos fuerte”, pero combinar cannabis o hachís con ansiolíticos, pregabalina u otros depresores puede aumentar el riesgo de desconexión, paranoia, desinhibición, accidentes, pérdida de control o conductas poco habituales.

También puede dificultar que la persona valore correctamente cómo se encuentra.

Spice, K2 y cannabinoides sintéticos

Algunos vapers, cartuchos o productos vendidos como si fueran cannabis pueden contener cannabinoides sintéticos, conocidos en algunos contextos como spice o K2.

El problema es que no son simplemente “cannabis más fuerte”. Pueden ser mucho más impredecibles y tóxicos. Sus efectos pueden variar mucho y llegar a producir cuadros graves de ansiedad, paranoia, confusión, pérdida de conciencia o situaciones de riesgo vital.

MDMA, alcohol y calor

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La mezcla de MDMA o éxtasis con alcohol es frecuente en contextos de fiesta, discotecas o festivales. Si además hay calor, baile intenso, poca hidratación o cansancio acumulado, el riesgo aumenta.

Puede aparecer hipertermia, deshidratación, ansiedad, ataques de pánico, problemas cardíacos, golpe de calor o intoxicación. A veces el alcohol puede hacer que la persona controle peor cuánto está consumiendo o cuánto se está exponiendo físicamente.

Bebidas energéticas y alcohol

Las bebidas energéticas no neutralizan el alcohol. Pueden hacer que una persona se sienta menos borracha de lo que realmente está, favoreciendo que beba más, asuma más riesgos o no detecte señales de alarma.

Esto puede aumentar la probabilidad de accidentes, peleas, conductas sexuales de riesgo o consumo excesivo.

Cocaína u otros estimulantes con alcohol

Combinar alcohol con cocaína u otros estimulantes puede aumentar la impulsividad, la agresividad, las peleas, el riesgo sexual, el riesgo cardiovascular y la falsa sensación de control.

La persona puede sentirse más despierta o más segura de sí misma, pero eso no significa que esté en mejores condiciones. Al contrario: el cuerpo puede estar sometido a una mayor presión.

Jarabes con codeína o dextrometorfano y alcohol

Algunos jarabes o medicamentos con codeína o dextrometorfano pueden ser peligrosos si se mezclan con alcohol u otras pastillas.

Puede aparecer somnolencia intensa, vómitos, confusión, pérdida de conciencia y problemas respiratorios, especialmente si se combinan con otras sustancias depresoras.

La prevención empieza con información, no con miedo

Hablar de drogas no significa normalizar el consumo. Informar no significa aprobar. Y prevenir no significa asustar.

La prevención más útil suele empezar con una conversación que no sea con fines moralizantes. Si un adolescente o un joven siente que cualquier pregunta va a acabar en bronca, castigo o juicio, probablemente hablará menos. En cambio, si encuentra escucha, calma e información fiable, será más fácil que pida ayuda o comparta una preocupación.

Por eso es importante crear espacios donde se pueda hablar con claridad.

No se trata de decir “no pasa nada”, porque sí puede pasar. Pero tampoco se trata de asustar o gritar hasta perder credibilidad. Se trata de explicar que el consumo de sustancias tiene riesgos, que el riesgo cero no existe y que las mezclas pueden multiplicar esos riesgos.

¿Qué pueden hacer madres, padres y educadores?

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Lo primero es escuchar. Preguntar sin interrogar. Estar disponibles sin invadir. Y, cuando haya dudas, buscar información fiable.

Algunas claves pueden ayudar:

Hablar sin dramatizar.
El miedo puede bloquear la conversación. La calma abre más puertas.

No ridiculizar ni juzgar de entrada.
Si un joven cuenta algo, conviene agradecer que lo haya contado. Esa confianza es valiosa.

Diferenciar curiosidad, presión de grupo, consumo puntual y situaciones de riesgo.
No todo es igual, pero todo merece atención.

Explicar que las mezclas son especialmente peligrosas.
Muchas urgencias no se explican solo por una sustancia, sino por la combinación de varias.

Recordar que no saber qué se está consumiendo aumenta el peligro.
Los nombres callejeros no garantizan composición, dosis ni seguridad.

Pedir ayuda profesional cuando haga falta.
Consultar no significa que todo esté perdido. Significa actuar a tiempo.

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Fuentes útiles para informarse

Además de La Rueda de las Drogas, existen recursos útiles para ampliar información con un enfoque educativo y de reducción de riesgos.

Una fuente recomendable es Drogopedia, de Antón Gómez-Escolar, psicofarmacólogo, investigador y divulgador especializado en drogas, psicofármacos, psicodélicos, salud mental y reducción de riesgos.

Drogopedia:
https://www.ladrogopedia.com/

También es recomendable consultar Energy Control, un proyecto de referencia en información, análisis de sustancias y reducción de riesgos.

Energy Control:
https://energycontrol.org/

Estas fuentes pueden ayudar a entender mejor las sustancias, sus efectos, las mezclas y las formas de reducir riesgos desde una mirada basada en información y no en mitos.

Cuándo pedir ayuda urgente

Si una persona ha consumido o mezclado sustancias y presenta pérdida de conciencia, dificultad para respirar, respiración lenta o irregular, dolor en el pecho, convulsiones, fiebre alta, piel muy caliente, labios azulados, vómitos persistentes, confusión intensa, agresividad descontrolada o un estado que preocupa, hay que pedir ayuda.

En caso de urgencia, llama al 112.

Es mejor pedir ayuda y que no sea grave, que esperar demasiado cuando la situación sí lo es.

Conclusión: informar también es cuidar

Las mezclas peligrosas no siempre se reconocen a simple vista. Un nombre de moda puede esconder sustancias distintas, dosis impredecibles o combinaciones de alto riesgo.

Por eso herramientas como La Rueda de las Drogas ayudan a aprender, clasificar y entender mejor el complejo mundo de las sustancias psicoactivas. No para fomentar el consumo, sino para prevenir daños, desmontar mitos y favorecer conversaciones más claras.

La prevención no empieza con una amenaza. Empieza con información, escucha y confianza.

Informarse ayuda a decidir mejor.
Hablar claro también previene.
Acompañar, escuchar e informar protege.

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