GRIPE Y COVID EN ADOLESCENTES: CÓMO PREVENIRLAS Y QUÉ HACER CUANDO TE ENCUENTRAS FATAL

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Te levantas con la garganta hecha polvo, te duele hasta el pelo y el cuerpo te pide volver a la cama. Pero hoy hay examen. O entrenamiento. En casa alguien propone un antigripal, otra persona busca un test y siempre aparece el consejo de «abrígate mucho y suda la fiebre».

Con la gripe y la COVID conviven las dudas razonables y las costumbres que repetimos sin pensar demasiado. ¿Hace falta hacerse una prueba? ¿El moco verde necesita antibiótico? ¿Sirve el ibuprofeno de 600 que hay en el cajón? ¿Las vacunas se recomiendan igual a todos los adolescentes?

En este episodio hablamos de esas decisiones cotidianas. Aquí las recogemos con algo más de espacio, para adolescentes y para quienes los acompañan. La parte de vacunación se refiere a las recomendaciones de la AEP de 2026 y a la campaña del Servicio Andaluz de Salud (SAS) 2026–2027; conviene comprobarla de nuevo cuando cambie la temporada o si estás en otra comunidad autónoma o país.

Los virus entran, se multiplican y encuentran la salida

Un virus necesita entrar en una célula para fabricar nuevas copias. No se multiplica por su cuenta en el aire ni sobre una mesa: utiliza componentes de las células que infecta. En las infecciones respiratorias, esas nuevas partículas pueden salir por la boca y la nariz al respirar, hablar, toser o estornudar, y llegar a otra persona. Las manos contaminadas con secreciones también pueden participar en la transmisión de algunos de estos virus. [1,2]

Durante la copia del material genético pueden aparecer cambios, las llamadas mutaciones. Muchos apenas modifican el comportamiento del virus; otros pueden influir en su capacidad de propagarse o en cómo lo reconocen nuestras defensas. El virus no piensa ni decide hacerse más listo. Los cambios que facilitan su circulación pueden extenderse si encuentran las condiciones adecuadas. Una variante nueva tampoco es, por definición, más peligrosa. [3]

Podemos imaginarlo como esos familiares que comparten nombre y se parecen, aunque no sean idénticos. El nombre general se mantiene, pero los «apellidos» ayudan a distinguir unas versiones de otras.

En este episodio hablamos principalmente de gripe A, gripe B y COVID, que está causada por el coronavirus SARS-CoV-2. Dentro de la gripe A están subtipos como A(H1N1)pdm09 y A(H3N2). La gripe B también puede producir enfermedad importante: la letra no predice por sí sola cómo lo pasará una persona. Y hay otros virus que provocan catarros y cuadros parecidos. Llamar «gripe» a cualquier moqueo acaba mezclándolo todo. [2,4]

Abrir las ventanas también es cuidarse

Cuando alguien está enfermo en casa, solemos pensar enseguida en qué darle. También merece la pena pensar en el aire que compartimos. Ventilar renueva el aire y ayuda a reducir la acumulación de partículas respiratorias en interiores. Es especialmente útil cuando varias personas pasan tiempo juntas en una habitación.

Las medidas se complementan: lavarse las manos con agua y jabón, cubrirse al toser o estornudar con un pañuelo o con el codo, tirar los pañuelos usados y evitar tocarse la cara con las manos sucias. Una mascarilla bien ajustada añade protección al compartir espacios, especialmente si tienes síntomas o vas a estar cerca de alguien vulnerable. [2,5]

Con fiebre o mal estado general, quédate en casa. Si tenías una visita a una persona mayor, a alguien inmunodeprimido o a un familiar especialmente frágil, aplázala. Un test negativo no convierte esa visita en una buena idea mientras sigues enfermo. Y si alguien lleva mascarilla en clase porque está recuperándose o porque protege a un familiar, no necesita dar explicaciones sobre la salud de su casa. [6]

Los síntomas se parecen más de lo que nos gustaría

La gripe suele empezar de forma brusca: fiebre, dolores musculares, dolor de cabeza, tos y un cansancio que puede dejarte fuera de combate. La COVID puede producir un cuadro muy parecido, con dolor de garganta, congestión o molestias digestivas. Ninguna de las dos exige que aparezcan todos los síntomas, ni siempre hay fiebre. Por los síntomas solamente no podemos identificar con seguridad el virus. [7,8]

Los mocos y los estornudos suelen tener más protagonismo en los catarros, pero también pueden aparecer en gripe y COVID. Tampoco un dolor de garganta muy intenso demuestra que tengas una variante concreta.

Muchas infecciones leves mejoran durante la primera semana. La tos puede tardar más en desaparecer. Lo que orienta es la evolución: respirar con normalidad, poder beber, recuperar actividad y encontrarse progresivamente mejor. Si después de mejorar vuelves a empeorar, hay que revisar la situación. [4,7]

También conviene consultar si el cansancio, la falta de aire o las dificultades para concentrarte se prolongan y afectan al estudio o a la vida diaria. La COVID puede dejar síntomas persistentes; no todo cansancio posterior lo es, pero tampoco hay que despacharlo como falta de ganas. [9]

El moco verde y los restos de la batalla

Hay pocos colores capaces de movilizar tan rápido un botiquín. El moco empieza transparente, cambia de aspecto y, cuando se vuelve verde, alguien sentencia: «Eso ya necesita antibiótico».

El color puede cambiar durante una infección vírica. En la respuesta defensiva intervienen unas células llamadas neutrófilos, que liberan sustancias relacionadas con esa tonalidad. En lenguaje de andar por casa, podemos hablar de parte de los restos de la batalla: células, secreciones y productos de la respuesta inflamatoria. Eso no significa que todo el moco sean células muertas ni que el verde permita identificar al microorganismo.

El color del moco, por sí solo, no indica que necesites un antibiótico. Para decidirlo cuentan los síntomas, la duración, la evolución y la exploración cuando haga falta. Los antibióticos no tratan la gripe, la COVID ni los catarros víricos; sí pueden ser necesarios si se diagnostica una infección bacteriana. [10]

Por eso, cambiar de transparente a verde no es una razón para rescatar una caja que sobró de otra ocasión. Si aparece un empeoramiento claro, fiebre que reaparece o dolor importante, lo que corresponde es consultar. [7]

Cuándo pedir ayuda sin esperar

Antes de mirar qué marca el test, hay que mirar a la persona. Solicita atención inmediata si aparece cualquiera de estas situaciones:

  • Dificultad para respirar, respiración muy trabajosa o labios azulados.
  • Dolor importante o persistente en el pecho.
  • Confusión, dificultad para despertar, convulsiones o deterioro rápido.
  • Imposibilidad de beber o retener líquidos, apenas orina y decaimiento intenso, como posibles señales de deshidratación importante.

Ante una emergencia, llama al 112. No esperes a repetir una prueba ni a comprobar si el antitérmico hace efecto. [7]

Hay otras situaciones que requieren consulta aunque no parezcan una emergencia: fiebre que dura más de 48–72 horas, temperaturas muy altas —por ejemplo, 40 °C—, empeoramiento después de una mejoría o síntomas nuevos que preocupan. El estado general y los síntomas acompañantes determinan la urgencia. [11]

Si tienes inmunodepresión, una enfermedad relevante del corazón o del pulmón, diabetes u otra condición de riesgo, contacta antes con tu equipo sanitario. Lo mismo si estás embarazada. Los plazos anteriores no son una orden de esperar: en determinadas personas interesa valorar pronto si hacen falta tratamientos específicos. [8]

Los test ayudan cuando responden a una pregunta útil

Existen test de autodiagnóstico que detectan SARS-CoV-2, gripe A y gripe B en una misma prueba. Hay que mirar la caja: no todos buscan los mismos virus ni se utilizan de la misma manera. Un resultado de gripe A tampoco te dice si es H1N1 o H3N2, y un positivo de COVID no identifica la variante. Respeta las instrucciones sobre edad, toma de muestra, momento de lectura y caducidad. [12]

En un adolescente sano con síntomas leves no siempre hace falta una prueba. Tiene más sentido cuando el resultado puede cambiar una decisión: valorar un tratamiento, atender una situación de riesgo o planificar la protección de alguien vulnerable. La valoración clínica puede ser suficiente en muchos cuadros leves. [13]

Un negativo no descarta la infección. La prueba puede haberse hecho demasiado pronto, la muestra puede no ser adecuada o los síntomas pueden deberse a otro virus. Para los antígenos de COVID, la FDA recomienda que una persona con síntomas repita la prueba 48 horas después del primer negativo, con al menos dos pruebas en total. Sigue las instrucciones del producto y no traslades automáticamente esa pauta al resultado de gripe de un test combinado. [14]

Si estás empeorando o perteneces a un grupo de riesgo, consulta sin esperar esas 48 horas. Algunos tratamientos antivirales tienen más utilidad cuando se valoran pronto. La edad, los antecedentes y las posibles interacciones condicionan qué tratamiento corresponde. [8]

La fiebre forma parte de las defensas

La fiebre es una respuesta del organismo frente a la infección. Puede favorecer la actividad de nuestras defensas y dificultar la multiplicación de algunos microorganismos. No es una avería que haya que corregir en cuanto el termómetro se mueve. El objetivo del tratamiento es aliviar el malestar y el dolor, no conseguir a toda costa una temperatura de 36 y medio. [15]

Una fiebre de 40 °C durante una infección no significa por sí sola que se esté produciendo daño cerebral. Eso no convierte esa cifra en algo que debamos ignorar: requiere valorar cómo se encuentra la persona, cuánto dura, cómo respira y si puede beber. Conviene consultar, especialmente si se mantiene, se repite o se acompaña de mal estado general. [11,16]

Puede haber un adolescente con fiebre que conversa, bebe y se encuentra razonablemente cómodo, y otro con menos temperatura que necesita atención por su dificultad respiratoria o su decaimiento. Además, que baje la fiebre después de una medicina no demuestra que la infección sea leve. [16]

Ropa cómoda, líquidos y nada de enfriar a la fuerza

Mantén una temperatura agradable en la habitación, ofrece líquidos con frecuencia y utiliza ropa cómoda. Abrigarse en exceso para «sudar la infección» no ayuda. Tampoco hace falta desnudarse hasta pasar frío.

No se recomiendan de rutina los paños húmedos, los baños o las duchas para bajar la fiebre. No hay que elegir entre frente, axilas o ingles como si fueran una técnica necesaria. Evita el hielo, el agua fría y las friegas con alcohol. [17]

Una ducha templada puede apetecerte para asearte o estar más cómodo; no es una obligación ni sustituye los cuidados. Si produce frío, escalofríos o malestar, se interrumpe. Estas recomendaciones se refieren a la fiebre por una infección; un golpe de calor es una situación diferente.

Paracetamol e ibuprofeno: importa la dosis, no lo grande que pareces

Ambos pueden aliviar el dolor y el malestar. La elección depende del peso, la edad, los antecedentes y el preparado. No conviene alternarlos de forma rutinaria ni montar un horario de medicación por si la fiebre vuelve. Anotar el nombre del medicamento, la cantidad y la hora ayuda a evitar errores cuando en casa cuidan varias personas. [17]

Paracetamol

Que un adolescente sea alto no significa que necesite automáticamente un gramo. La dosis y el máximo diario deben corresponder a su peso y a la presentación que utiliza. Hay que contar todo el paracetamol, incluido el que pueda llevar un sobre para el catarro.

Una sobredosis puede causar daño hepático. Si hay sospecha de haber tomado demasiado, busca atención sanitaria inmediata aunque todavía te encuentres bien. No esperes a que aparezcan síntomas. [18]

Ibuprofeno y la pastilla de 600

El ibuprofeno de 600 mg no debería ser la opción automática para automedicarse ante una gripe o un catarro. Existen preparados autorizados para adolescentes de 12 años o más y al menos 40 kg con dosis de 200–400 mg por toma, un intervalo mínimo de 6 horas y un máximo de 1.200 mg en 24 horas. Esta es la pauta de determinados productos para uso sintomático; hay que comprobar el prospecto concreto y utilizar la menor dosis eficaz durante el menor tiempo necesario. Una pauta distinta prescrita por un profesional para otra situación se valora por separado. [19]

El ibuprofeno requiere especial cuidado si estás deshidratado, vomitas, tienes diarrea o apenas bebes, porque puede perjudicar al riñón. También hay que revisar antecedentes de úlcera, sangrado digestivo, enfermedad renal o reacciones a antiinflamatorios. No lo combines por tu cuenta con otros antiinflamatorios, como naproxeno. [20]

Y no utilices aspirina para tratar la fiebre de una infección vírica en menores de 16 años, por su asociación con el síndrome de Reye. Si alguien la toma por una enfermedad concreta bajo prescripción, debe consultar cualquier cambio. [21]

Antes de añadir otra pastilla, mira qué lleva el antigripal

Un antigripal puede reunir varios medicamentos en un sobre. Su composición depende del producto: la palabra «antigripal» no identifica una fórmula única ni garantiza que sea adecuado para cualquier adolescente.

El problema más fácil de pasar por alto es la duplicación de paracetamol. Si ya está en el preparado y añades más por separado, puedes superar la cantidad adecuada sin darte cuenta. También puedes estar tomando ingredientes para síntomas que ni siquiera tienes. [18,22]

Estos son algunos componentes que conviene reconocer:

  • Clorfenamina y otros antihistamínicos sedantes: pueden producir sueño, sequedad y menor atención. El alcohol y otros sedantes pueden aumentar esos efectos.
  • Cafeína: puede sumarse a la del café, los refrescos o las bebidas energéticas y dificultar el descanso.
  • Dextrometorfano: se utiliza para la tos seca y puede tener interacciones importantes con algunos antidepresivos. Su abuso puede causar efectos graves.
  • Pseudoefedrina: es un descongestionante con contraindicaciones, entre ellas la hipertensión grave o no controlada y la enfermedad renal grave. [22,23,24]

Si tomas medicación habitual, pregunta antes de elegir un preparado. La edad autorizada también cambia de una presentación a otra. No uses estos productos para dormir ni para poder ir al instituto como si no estuvieras enfermo. Y si te producen somnolencia, tampoco toca coger la moto. [22]

Comer, beber y descansar sin buscar un alimento milagroso

Cuando te encuentras mal, un vaso de agua al alcance de la mano puede ser más útil que una colección de suplementos. Bebe con frecuencia, en cantidades pequeñas si te resulta más fácil. Vigila que puedas retener líquidos y que sigas orinando. Descansar y dormir forman parte de los cuidados. [25]

Con la comida, adapta las cantidades al apetito y a la tolerancia. Una sopa, un puré, fruta, yogur o lo que habitualmente te siente bien pueden facilitar esos días. Si duele la garganta, prueba alimentos suaves y bebidas a una temperatura agradable. No hace falta forzar un plato enorme ni atribuir a ningún alimento capacidad para eliminar el virus.

La miel puede aliviar algo la tos, especialmente por la noche, aunque no cura la infección. La evidencia sobre ese alivio tiene limitaciones. Si este consejo se comparte con familias con bebés, hay una excepción que no se debe olvidar: nunca miel antes del año de vida. [26]

Tampoco hay que comprar vitamina C a dosis altas en cuanto aparecen los síntomas. Los estudios sobre el catarro no muestran un beneficio consistente al empezar a tomarla en ese momento, y esos resultados no demuestran que trate la gripe o la COVID. Corregir una carencia diagnosticada es una situación distinta. [27]

El entrenamiento puede esperar. Con fiebre o malestar importante, descansa; al recuperarte, vuelve de forma progresiva. Si al retomar el ejercicio aparece dolor en el pecho, falta de aire desproporcionada, palpitaciones o un desmayo, para y busca valoración. Si el cuadro fue intenso o persisten síntomas, la vuelta debe individualizarse. [28]

Vacunas de gripe y COVID: vamos por separado

Aquí se mezclan con frecuencia dos preguntas: qué recomienda una sociedad científica y a quién incluye la campaña pública. Las respuestas pueden ser diferentes. Además, gripe y COVID tienen criterios propios.

Gripe: la AEP también la recomienda al adolescente sano

La Asociación Española de Pediatría recomienda la vacunación anual frente a la gripe desde los 6 meses hasta los 17 años incluidos, también en niños y adolescentes sanos. Por tanto, un chico de 13 o 15 años sin enfermedades está dentro de esa recomendación científica. [29]

En la campaña andaluza 2026–2027, la vacunación sistemática por edad incluye a los niños de 6 a 59 meses y a las personas de 60 años o más. Los adolescentes pueden estar incluidos por enfermedades, embarazo u otras situaciones, incluida la convivencia con determinados grupos.

Entre las condiciones contempladas están el asma y otras enfermedades respiratorias crónicas, diabetes, determinadas enfermedades cardíacas, renales o hepáticas, inmunodepresión, trasplantes y cáncer. La celiaquía está incluida para gripe. La lista oficial contiene más situaciones, de modo que conviene revisarla con el centro de salud. [30]

COVID: prioridad para quienes tienen mayor riesgo

La AEP centra especialmente la recomendación en niños y adolescentes con factores de riesgo y también contempla la vacunación como protección individual para quienes deseen recibirla. Por eso sería incorrecto afirmar que «la AEP no recomienda la vacuna de COVID a ningún adolescente sano». Su planteamiento no es el mismo que la recomendación general de gripe para toda la población de 6 meses a 17 años. [31]

En el SAS, la campaña 2026–2027 no establece un refuerzo universal para todos los adolescentes sanos. La vacunación sistemática por edad comienza a los 70 años. Entre los 12 y los 69 años, se revisan las patologías y situaciones de riesgo; entre los 6 meses y los 11 años, la indicación se limita a situaciones de muy alto riesgo. El embarazo y los primeros seis meses tras el parto están contemplados. [32,33]

En adolescentes desde los 12 años, Andalucía incluye el asma y otras enfermedades respiratorias crónicas, diabetes, determinadas enfermedades cardíacas, renales o hepáticas, inmunodepresión, cáncer y trasplantes, entre otras. La obesidad grave también figura, con un umbral de IMC igual o superior a 35 kg/m² en adolescentes. No se refiere a cualquier exceso de peso. [34]

La celiaquía, por sí sola, no constituye una indicación específica de COVID. Las listas de gripe y COVID tienen diferencias; no basta con copiar una en la otra. [33]

Con quién vives también cuenta, pero cambia según la vacuna

Para gripe, Andalucía contempla a convivientes y cuidadores, desde los 6 meses de edad, de personas de 60 años o más, menores de 5 años, embarazadas, mujeres en los primeros seis meses tras el parto, personas con gran dependencia y pacientes con enfermedades crónicas incluidas. Así, un adolescente sano que vive con un hermano de dos años puede estar incluido en la campaña. [30,33]

Para COVID, los convivientes o cuidadores de sus grupos de riesgo pueden acceder desde los 12 años, como protección individual, según la apertura de los grupos y la disponibilidad de dosis. Convivir con un niño pequeño sano o con una persona sana de 65 años no implica por sí solo esa misma indicación. [35]

Dos ejemplos ayudan a fijarlo: un adolescente con asma debe revisar ambas vacunas; si su única condición es la celiaquía, la indicación por esa enfermedad corresponde a gripe. Vivir con una abuela sana de 65 años puede dar acceso por convivencia para gripe, mientras que para COVID hay que comprobar otros criterios. [30,33,34]

Si estoy sano y no entro en ningún grupo

La recomendación de la AEP para gripe sigue existiendo. Puede valorarse una vacuna no financiada. Andavac contempla que enfermería administre vacunas no financiadas en centros públicos con la prescripción correspondiente. Comprar la vacuna en una farmacia no obliga, por tanto, a acudir a un centro privado para administrarla. Organízalo con el centro de salud antes de comprarla: hay que comprobar el preparado, la prescripción y su correcta conservación. Eso no significa que la compra quede financiada. [36]

Para COVID, el SAS contempla valorar solicitudes individuales fuera de campaña, tras una valoración personalizada. Esa posibilidad no equivale a un refuerzo universal de todos los adolescentes sanos. Tampoco debe trasladarse esa condición de «fuera de campaña» a la administración de una vacuna de gripe no financiada: son cuestiones diferentes. [32,36]

Cuando ambas están indicadas, gripe y COVID pueden administrarse en la misma visita. [37] Para COVID se revisan las dosis y las infecciones previas; en general se respeta un intervalo de al menos tres meses desde la última dosis o desde la última infección, con las adaptaciones que correspondan. [32] Estar vacunado no impide por completo infectarse o transmitir, así que con síntomas siguen siendo necesarias las precauciones. El objetivo principal de la campaña es reducir las complicaciones y la enfermedad grave. [33]

El examen, el instituto y la justificación de la falta

Que un medicamento baje la fiebre durante unas horas no significa que ya estés recuperado. Con fiebre o mal estado general, toca quedarse en casa. Al volver a compartir espacios, sigue cuidando la ventilación y las demás medidas de prevención; encontrarte mejor no garantiza que hayas dejado de contagiar. [6]

La parte administrativa conviene explicarla con precisión. En Andalucía, las familias comunican y justifican por escrito las ausencias de los menores, mediante iPasen o el canal establecido por el centro, conforme a sus normas. Comunicar una falta no significa que su aceptación sea automática. [38,39]

La Circular 0016/25, de 14 de marzo, del Servicio Andaluz de Salud, señala que no corresponde a los profesionales sanitarios justificar las ausencias escolares. Un justificante de asistencia a consulta acredita esa asistencia y tiene una función distinta de la justificación familiar. Un informe clínico describe la atención sanitaria; conviene preservar la confidencialidad y evitar aportar información de salud innecesaria. [40]

Quien se queda en casa también necesita que el resto lo ponga fácil: compartir apuntes, explicar qué se ha trabajado y evitar la presión para acudir enfermo a un examen o a una actividad. Aprender a cuidarse incluye reconocer cuándo el cuerpo necesita parar.

En el episodio ponemos estas dudas sobre la mesa. Compártelo con quien organiza el botiquín de casa y con los adolescentes que ya empiezan a tomar sus propias decisiones. La próxima vez que alguien diga «tómate lo que hay en el cajón», habrá algo más que preguntar antes de abrirlo.

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Fuentes y recursos

Las recomendaciones se han contrastado con documentos de la AEP y la AEPap, las instrucciones de vacunación de Andalucía, las fichas y alertas de la AEMPS, y publicaciones de la OMS, los CDC, la FDA y Cochrane. Para comprobar una indicación de vacunación en Andalucía, consulta Andavac o tu centro de salud. Salud Responde atiende en el 955 54 50 60. Las referencias completas figuran a continuación para poder revisar cada apartado. [35]

Referencias consultadas en octubre de 2026

1. NHGRI. Virus. Glosario de genética. Consultar fuente

2. OMS. Coronavirus disease (COVID-19): transmisión, prevención y síntomas. Consultar fuente

3. OMS. Tracking SARS-CoV-2 variants: evolución y cambios del virus. Consultar fuente

4. OMS. Influenza (seasonal). 28 de febrero de 2025. Consultar fuente

5. OMS. Advice for the public: Coronavirus disease (COVID-19). Medidas generales de prevención. Consultar fuente

6. CDC. Preventing Spread of Respiratory Viruses When You’re Sick. Consultar fuente

7. CDC. Signs and Symptoms of Flu. Síntomas y señales de alarma. Consultar fuente

8. CDC. Clinical Guidance for Outpatients With Acute Respiratory Illness at Higher Risk of Severe COVID-19 and/or Influenza. Se utiliza para valoración temprana; no para trasladar autorizaciones farmacológicas estadounidenses. Consultar fuente

9. OMS. Post COVID-19 condition (long COVID). Consultar fuente

10. AEPap, Familia y Salud. Mi hijo tiene los mocos verdes. ¿Necesita un antibiótico? Actualización: 15 de febrero de 2026. Consultar fuente

11. AEP, EnFamilia. La fiebre. Consultar fuente

12. AEMPS. Información general sobre test de diagnóstico de COVID-19. Se utiliza únicamente la información técnica sobre pruebas, no las instrucciones administrativas históricas. Consultar fuente

13. CDC. Overview of Influenza Testing Methods. 19 de diciembre de 2025. Consultar fuente

14. FDA. At-Home COVID-19 Diagnostic Tests: Frequently Asked Questions. Repetición del antígeno de COVID tras un resultado negativo. Consultar fuente

15. Guía-ABE. Fiebre: cómo medir la temperatura, cuándo y cómo tratarla. Actualización: 10 de febrero de 2022. Consultar fuente

16. AEPap. Cómo actuar si un niño o niña tiene fiebre. Documento para profesorado y cuidadores, actualización de 2023. Consultar fuente

17. AEPap. Decálogo de la fiebre. Consultar fuente

18. AEMPS, CIMA. Paracetamol MABO 500 mg. Ficha técnica: dosis por peso y riesgo de duplicación. Consultar fuente

19. AEMPS, CIMA. Ibuprofeno Farmalider 200 mg. Ficha técnica: adolescentes de 12 años o más y al menos 40 kg. Consultar fuente

20. AEMPS, CIMA. Ibuprofeno Stadapharm. Prospecto: deshidratación, riesgo renal y precauciones. Consultar fuente

21. AEMPS, CIMA. Aspirina 500 mg. Prospecto: contraindicación en menores de 16 años. Consultar fuente

22. AEMPS, CIMA. Frenadol Complex. Prospecto, consultado como ejemplo de composición y advertencias de un antigripal, sin recomendación comercial. Consultar fuente

23. AEMPS, CIMA. Dextrometorfano Farmalider 10 mg. Ficha técnica: interacciones y riesgos. Consultar fuente

24. AEMPS. Pseudoefedrina: medidas para minimizar el riesgo de PRES y SVCR. Consultar fuente

25. NHS. Flu. Autocuidados e hidratación. Consultar fuente

26. Cochrane. Honey for acute cough in children. Revisión sistemática. Consultar fuente

27. Cochrane. Vitamin C for preventing and treating the common cold. Revisión sistemática. Consultar fuente

28. American Academy of Pediatrics, HealthyChildren. Youth Sports: COVID Safety Checkup. Se utiliza para regreso progresivo y síntomas de alarma; no se trasladan al artículo los plazos de aislamiento de 2022. Consultar fuente

29. Comité Asesor de Vacunas e Inmunizaciones de la AEP. Recomendaciones de vacunación frente a la gripe 2026–2027. 24 de septiembre de 2026. Consultar fuente

30. Andavac. Campaña de vacunación frente a gripe 2026–2027. Consultar fuente

31. AEP. Calendario de vacunaciones e inmunizaciones 2026. 1 de enero de 2026. Consultar fuente

32. Servicio Andaluz de Salud. Vacunación COVID-19. Actualización: 29 de septiembre de 2026. Consultar fuente

33. Junta de Andalucía y SAS. Instrucción SGSPPS-3/2026. Vacunación estacional en Andalucía, campaña 2026–2027. 24 de septiembre de 2026. Consultar fuente

34. Andavac. Vacunación COVID-19 en personas con patologías crónicas. 1 de octubre de 2026. Consultar fuente

35. Servicio Andaluz de Salud. Vacunación Gripe y COVID-19. Actualización: 2 de octubre de 2026. Consultar fuente

36. Andavac. Prescripción de una vacuna no financiada y administración por enfermería en centros públicos. Consultar fuente

37. Andavac. Campaña COVID: administración simultánea de las vacunas de gripe y COVID. Consultar fuente

38. BOJA. Decreto 327/2010, de 13 de julio. Reglamento Orgánico de los Institutos de Educación Secundaria, artículo 34.2. Consultar fuente

39. Junta de Andalucía. eAprendizaje. Pasen/iPasen como canal oficial de comunicación entre centros y familias. Consultar fuente 40. Servicio Andaluz de Salud. Circular 0016/25, de 14 de marzo, sobre desburocratización de Atención Primaria y Comunitaria. Apartado 2.e. Copia del documento firmado alojada en Simeg. Consultar fuente

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