EL SÍNDROME DEL NIDO VACÍO, EN ONDA CERO

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Esta semana estuvimos en Más de Uno Córdoba, en Onda Cero, con Antonio David Jiménez, hablando de un tema que cobra especial importancia con el comienzo del curso: el nido vacío.

Nos acompañó Antonio García Moreno, psicólogo, con quien ya había tenido la oportunidad de conversar con más calma sobre esta etapa de la vida familiar.

Durante estas semanas, muchos jóvenes se marchan por primera vez de casa. Algunos alquilan un piso en otra localidad para cursar un grado medio o superior; otros se trasladan a otra ciudad para empezar la universidad y vivirán en una residencia o compartirán piso.

Para ellos suele ser una mezcla de ilusión, nervios, libertad y ganas de comenzar una nueva etapa. Para los padres, sin embargo, también supone un cambio importante. Ya no está esa persona cada día en casa, cambian los horarios, queda una habitación vacía y desaparecen muchas de las pequeñas rutinas que durante años habían formado parte de la vida familiar.

Y no hace falta que se trate de una emancipación definitiva. Esa primera salida para estudiar fuera ya puede despertar tristeza, nostalgia o una cierta sensación de vacío.

¿Es realmente un síndrome?

En la radio comenzamos aclarando que el llamado síndrome del nido vacío no tiene por qué entenderse como una enfermedad. En la mayoría de los casos se trata de un proceso normal de adaptación ante un cambio importante.

Echar de menos a un hijo, sentirse algo desorientado o necesitar un tiempo para acostumbrarse a la nueva situación no significa que exista un problema psicológico. La dificultad aparece cuando ese malestar se mantiene, se hace cada vez más intenso o comienza a afectar al sueño, al trabajo, a la pareja, a las relaciones sociales o a las ganas de hacer cosas.

También hablamos de por qué algunos padres llevan esta etapa razonablemente bien y otros la viven con mucha más dificultad. Influyen la relación que se tenía con los hijos, cuánto espacio ocupaba la crianza en la propia identidad, la situación de pareja, el trabajo, las amistades, las aficiones y la forma en que se haya producido la salida de casa.

Ellos también pueden echar de menos su hogar

Solemos hablar mucho de lo que sienten los padres, pero los jóvenes también atraviesan su propio proceso.

Un chico puede estar deseando marcharse, disfrutar de su independencia y sentirse orgulloso de comenzar una nueva etapa y, al mismo tiempo, echar mucho de menos su habitación, su familia o las cosas más sencillas de casa.

Alegría y nostalgia no son incompatibles.

Por eso es importante mantener el contacto sin convertirlo en vigilancia. Podemos interesarnos por cómo están, escuchar sus dificultades y recordarles que seguimos disponibles, pero sin llamar continuamente ni pedir explicaciones sobre cada detalle de su nueva vida.

También conviene evitar el chantaje emocional. Frases como «desde que te has ido esta casa está vacía», «tu madre está fatal» o «ya nunca vienes a vernos» pueden hacer que el joven se sienta culpable por estar creciendo.

Podemos decirles que los echamos de menos. Lo que no deberíamos hacer es convertirlos en responsables de nuestro bienestar.

¿Y cuando no terminan de irse?

Terminamos la conversación hablando del problema contrario: hijos que llegan a la edad adulta y continúan viviendo en casa.

Aquí hay que diferenciar claramente las situaciones. Hoy existen dificultades económicas reales, alquileres muy elevados, salarios bajos y trabajos precarios. Que un joven no pueda independizarse no significa necesariamente que sea inmaduro o que sus padres lo hayan educado mal.

Otra cosa diferente es seguir resolviéndole todo aquello que ya podría hacer por sí mismo: pedir sus citas, realizar sus trámites, hablar en su nombre, solucionar sus conflictos o evitarle cualquier equivocación.

La autonomía no comienza el día en que un hijo hace una maleta. Se aprende desde mucho antes, permitiendo que tome decisiones, asuma responsabilidades y afronte las consecuencias razonables de sus errores.

Una entrevista más extensa con Antonio García Moreno

El tiempo en la radio siempre es limitado. Por eso, para quienes quieran profundizar en este tema, hace unos meses realicé una entrevista mucho más extensa a Antonio García Moreno.

En ella hablamos con detalle de los síntomas del nido vacío, la ansiedad anticipatoria, los factores que pueden hacerlo más intenso, la influencia de la pareja y del papel asumido durante la crianza, cómo acompañar a los hijos sin generarles culpa, qué hacer durante los primeros meses y cuándo puede ser necesario pedir ayuda psicológica.

Que los hijos se marchen no significa que la relación termine. Significa que debe cambiar: menos supervisión, más confianza y un hogar al que puedan volver sin presión y sin culpa.

Podéis encontrar el texto completo y la entrevista aquí:

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