La violencia de género no es un problema exclusivo del mundo adulto. Cada vez con más frecuencia, esta realidad aparece también en la adolescencia, a veces de forma silenciosa, otras ya con consecuencias que obligan a intervenir desde el sistema judicial.
En este episodio conversamos con Ana Fimia, médica forense, para entender qué ocurre cuando una situación de violencia de género en menores llega al juzgado: cómo se valora, qué papel tiene la pericia forense y por qué el seguimiento posterior es clave para proteger a las víctimas y evitar la repetición del daño. Una realidad que empieza antes de lo que creemos.
Los datos disponibles muestran que muchas chicas adolescentes han vivido conductas de control, intimidación emocional o violencia psicológica dentro de sus primeras relaciones. Sin embargo, estas situaciones no siempre se identifican como violencia, ni por quienes las sufren ni por su entorno.
En consulta y en los juzgados se repite una idea preocupante: la violencia no suele comenzar con golpes, sino con control, aislamiento, miedo y normalización de conductas que no deberían formar parte de una relación sana. Cuando estos patrones no se detectan a tiempo, el riesgo de escalada aumenta.
¿Qué papel tiene la medicina forense en adolescentes?
Uno de los puntos centrales de la entrevista es explicar qué hace exactamente una médica forense cuando un caso de violencia de género en adolescentes entra en el ámbito judicial. La valoración forense no se limita a describir lesiones físicas. Incluye:
- Evaluación del daño psicológico y emocional.
- Análisis del contexto de la relación.
- Valoración del riesgo de repetición de la violencia.
- Elaboración de informes periciales que ayudan al juez a tomar decisiones de protección.
En menores, este proceso requiere una mirada especialmente cuidadosa, teniendo en cuenta el momento evolutivo, la dependencia familiar y el impacto que el procedimiento judicial puede tener en su desarrollo emocional.
El seguimiento: una parte fundamental del proceso
Un mensaje clave que deja la entrevista es que la intervención no termina con la denuncia ni con el informe forense. El seguimiento posterior es esencial. Muchas adolescentes continúan teniendo contacto con el agresor, minimizan lo ocurrido o sienten culpa. Por eso, la coordinación entre juzgados, profesionales sanitarios, servicios sociales y recursos educativos resulta imprescindible para:
- Reducir el riesgo de nuevas agresiones.
- Acompañar emocionalmente a la víctima.
- Romper la normalización del control y la violencia.
- Ofrecer referentes adultos seguros.
Dificultades para detectar la violencia en edades tempranas
Otro aspecto relevante es la dificultad para identificar estas situaciones, tanto por parte de las propias adolescentes como de familias y profesionales. Persisten creencias erróneas como:
- Pensar que los celos son una muestra de amor.
- Restar importancia al control digital.
- Normalizar conductas machistas como “cosas de la edad”.
Cuando estas ideas se mantienen, la violencia se invisibiliza y llega tarde al sistema de protección.
Prevención: el reto pendiente
La entrevista pone el foco en la necesidad de educar antes de que aparezca el daño. Hablar de relaciones sanas, límites, respeto y consentimiento desde edades tempranas es una herramienta preventiva tan importante como cualquier intervención judicial. Familias, centros educativos y profesionales sanitarios tienen un papel clave para detectar señales de alarma, abrir espacios de diálogo y transmitir que el amor nunca implica miedo, control ni humillación.
Entrevista a Ana Orantes: https://www.youtube.com/watch?v=72Md_DypqRE
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